Salmo, Cap. 5

1 de septiembre de 2020

Pintores de Letras


Bien, se que dije que el anterior era el último de los salmos, pero como seducido por la llamada del destino, me veo más en posición de acabar dichos fragmentos con esta colección de, al parecer, alegorías. Si no fuera por este último escrito ¿Qué virtud podríamos atribuirle a este pandemónium? Ahí les va:

Una magnitud especifica dada, el espacio. El somnoliento placer de los haraganes como yo, el suculento y trágico momento, de la creación. Si queremos amar al prójimo es mejor alejarse. Es algo así, como soñar una ruina ya presente en el tiempo primogénito de esperanza preñado. Ir desembarazado de la vida resulta pletórico cuanto menos. Ir embarazado no obstante es el ritmo y la alegría de saber lo que te pesa cuando mueres. Nuestra retentiva no alberga mas que suicidios secularizados en el momento presente, pero ni contiene ya halos de cuanto la vida ha sido, mas si de lo que no pudo ser y debería.  Hasta la desesperación pierde ya la brisa del hastió que se desecha como una mas de las evidencias de lo vivido. Cuando la acción se agita, pero no conteniéndose, ¡si desenfrenándose!, alcanzamos la renuncia que es el único acto no contenedor de asesinatos en potencia. No todo el mundo debe ser tan escéptico como Lutero pregonaba de su Espíritu Santo, el suyo. Por desgracia existen entes, entidades, que no se lo pueden permitir. El expolio del tiempo es la muerte como bien merecido tiene el patrimonio de la humanidad.

Armolec Mernatíz Friela

 

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