Prestémonos, aunque solo sea por un segundo, a desenmarañar la surtida red de normas que nos determinan como seres humanos (cívicos, en muchos casos). Estas en su conjunto forman lo que se conoce como moral.

Pero la moral eventualmente resulta ser mucho más que una vorágine de normas… Los códigos morales son los que, en última instancia, dictaminan sentencia sobre nuestros actos, pero también, si este fuera el caso, nos eximen de ciertas responsabilidades. Algo que entra en clara confrontación con el terreno de lo ético. Dos conceptos que siempre tienden a confundirse.

En este aspecto, la escisión del pensamiento cobra un carácter primordial. A mediados del siglo XVII se produce una falla en la concepción ética y moral del mundo, acompañada por otra parte de la archiconocida revolución científica, que posibilita esta separación. Anteriormente a esto, podríamos atrevernos a caracterizar a la realidad de “exclusivamente pragmática”. Desde los clásicos grecolatinos el mundo se nos presentaba como una realidad eficientemente ordenada en la que nada desentonaba. La realidad tangible, es decir, el mundo, no era caótico.  Los hechos coincidían con la realidad.

En Platón lo mas real era ese mundo de las ideas, que hoy erróneamente percibimos como onírico, y aún más allá de esto, lo más idealizadamente real era el bien. Por consiguiente, tal concepción del mundo, propugnaba un orden de fines que las cosas en si mismas realizaban y no a la moderna concepción de causa-efecto, producto del mecanismo de la época. Esta concepción teleológica se prestaba a sacralizar la realidad frente a la idea de dominación de la naturaleza que ya se estaba fraguando en el siglo XVII. (Claro está, por otra parte, que prácticamente todo en la historia y a lo largo de esta ha sido sacralizado; así como se sacralizaba la vida con los ritos de antaño, se han visto culturas plenamente “sacralizadas”; todo en la historia ha sido y será susceptible de ser sacralizado).

La concepción, por parte de la ciencia, de la realidad que solo atañe a lo cuantificable trae consigo esta separación de valores de la que hablábamos, Hechos y valores se separan. Con todo, se producen, una serie de cambios evidentes como la nueva exacerbación del individualismo. El mundo entonces es alumbrado como un mecanismo de relojería en el que lo real no puede ser expresión de ningún valor. De cuya idea, por cierto, han bebido muchas de las eminencias literarias de la época.

Habiendo comprendido previamente la relatividad de nuestra concepcion de realidad y valor, entonces si podríamos atrevernos a agregarle a este último la connotación de moral. Un valor moral, es solo moral si concierne únicamente a una circunstancia propia de la moralidad, y solo algo es moral cuando es concebido por muchos como tal, es decir, cuando esa circunstancia se encuentra dentro del marco sociocultural en el que una persona se desenvuelve, y por lo tanto esa circunstancia es, estrictamente plural. Me explico. Comencemos por desentrañar lo que significa moral en nuestro ya complejo movimiento sociocultural de masas. Moral, viene del latín <<mores>>, costumbre. Partiendo de este concepto bien se podrían deducir ciertas cosas… Si es la moral una costumbre también se podría trasladar al terreno de la norma. La moralidad no se ocupa de descripciones sino de normas, que nos obligan en cierta medida. Estas normas constituyen un estudio de la realidad científico, una intrusión por tanto al terreno de lo puramente normativo y reglado. Una visión objetiva es lo que caracteriza a la moral en última instancia, que se acerca mas al estudio de lo que son las cosas en sí o por si mismas, antes de lo que deberían ser. Pero… Si partimos de la base de que una norma no puede ser tal a menos que no sea reconocida por un grupo que la admita, intuiremos entonces el carácter compartido de la moralidad.

La moral ha de ser necesariamente prescriptiva a modo de petición de principio. Esto mismo nos lleva a comprender los orígenes sociales de la moralidad que se ha ido construyendo históricamente. Así llegamos al primer entresijo de la filosofía ética actual… ¿Si la moral conlleva orígenes sociales, no será por consiguiente cambiante en tanto que una sociedad sea distinta?; ¿Se da la universalidad de ciertos valores morales?; ¿Es posible la existencia de una moralidad sin libre albedrío?; ¿Resulta verdaderamente relevante para el individuo que un valor sea o no moral?; ¿Ha de venir el acto moral de una convicción interna como requisito indispensable?…

No es mi intención ponerme a analizar la fehaciente realidad o no de estas preguntas, porque sus respuestas han de ser de una dimensión equitativa a las ya mencionadas y solo esto podría constituir materia para unas cuantas reflexiones. Por tanto mantendré el texto, por mi comodidad y por la vuestra, lo mas ajeno posible a estas cuestiones…

Volviendo a lo que nos ocupa deberíamos entender ahora que un valor moral no necesariamente es ético y viceversa. En otro orden de circunstancias, analicemos ahora el plano ético. La ética se encuentra atravesada por una reflexión racional, (y genuinamente individual), para los criterios y fundamentos de las normas morales. Tal es asi, que esta representa casi un refugio para nuestras mentes porque estas prácticamente carecen ya de instintos. La ética nos protege de la ausencia de normas como si no tenerlas constituyese la intemperie y es que literalmente la palabra ética deriva del vocablo <<ethous>>, en griego, madriguera. La ética suple en gran medida las carencias de la naturaleza a modo de cultura, porque tener ética implica tener cultura. Así es como la ética nos puede descifrar algo tan enmarañado como los fundamentos sobre nuestros propios juicios morales. Algo ético no es solo algo meramente valorativo sino que, en consecuencia, también tiene que ser descriptivo y he aquí el verdadero valor de la ética que lejos de ser algo únicamente efímero es lo que nos determina como personas porque solo nosotros mismos conocemos los límites de nuestra indulgencia y allí dónde no lleguen los valores morales, circunstancia que, desgraciadamente, se da las más de las veces, si lo hace la ética. De hecho, esta constituye la última barrera intrapersonal que dictamina sentencia sobre nuestras actuaciones.

Ludwig Wittgenstein

La ética es por tanto consecuentemente consciente. Se podría percibir incluso, tal y como hacía Wittgenstein, como una tendencia del espíritu humano que atestigua las opciones humanas del bien y del mal. Por ello mismo la ética no corresponde al concepto de ciencia, la ética no suma positivamente nada, en terreno del conocimiento. Es, de hecho, autodestructiva y no es servil en ninguno de los aspectos.

Armolec Mernatiz Friela