Descartes vs. Descartes

24 de agosto de 2020

Pintores de Letras


No es posible, a priori, saber cuántos momentos “iniciáticos” hay, ni cuáles son, suponiendo que, si bien existen momentos de paso que son casi universales, también es cierto que no todos seguimos los mismos caminos. Quizás el momento más relevante para la experiencia (occidental), es el momento que se identifica con el momento de la duda cartesiana. La tradición filosófica moderna transformó la duda de Descartes.”No sé qué cosas son reales, si mis sentimientos están siendo engañados, ¿cómo puedo saber si quiera que existo?”, en una duda metodológica. En este punto tiendo a diferir con los pocos autores he leído. Creo, por el contrario, que se trata de una duda visceral. (No es mi intención ponerme a analizar el Discurso del Método o las meditaciones metafísicas en detalle), prefiero mantener este texto lo más limpio posible para mi comodidad. Descartes resuelve su duda, por un lado, concluyendo que si está dudando, entonces su propia existencia (al menos en cuanto a mente) es real, “cogito ergo sum”, y más adelante, apelando a la bondad de Dios y su poder frente al hipotético genio maligno que lo estaría engañando. El problema es que ninguna de las dos son del todo satisfactorias, en primer lugar porque su procedimiento para probar la existencia de Dios es, como poco, dudoso desde el punto de vista lógico. En segundo lugar, porque suponer que soy engañado sobre todo, excepto sobre una cosa, y que esa cosa sea su propia existencia supone un recorte arbitrario, y aunque es un poco más confiable que su prueba de Dios, no concluye realmente nada, puesto que de nada me sirve si ese es todo el conocimiento que puedo tener. La duda de la realidad supone un conflicto que no es exclusivo de la razón, es un conflicto ante todo de la experiencia de la realidad.. Resolverlo por medios exclusivamente racionales no es del todo una solución, en totalidad de una mente sensible. Cualquiera que haya atravesado esta experiencia habrá notado que no es difícil infundir dudas sobre la experiencia. lo que principalmente nos detiene de cuestionar la evidencia inmediata de los sentidos, es el miedo. Sin sustancia o sin tiempo carecemos de un anclaje para enfrentar la vivencia cotidiana. Además, es importante notar que nuestra experiencia es medida por nuestra memoria. Si se duda de la memoria, se duda de la propia realidad. Como señalé anteriormente, la respuesta “laica” al problema de la duda sobre la realidad consiste, casi siempre, en un salto inductivo. Este salto consiste en asumir la realidad como dada, como un dato, como si saliera de nuestra propia experiencia que sus percepciones son verdaderas. Es en este punto en el que hablare de Hume que da un paso importante en torno a las causalidades. Para él, la causalidad no forma parte del terreno de la experiencia, no existe más allá de la inducción. Lo que si existe, para la experiencia, es la conjunción constante. Ahora bien la inducción debería realizarse sobre esta conjunción constante antes que sobre una supuesta causación en el más amplio sentido de la palabra.
Armolec Mernatiz Friela

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