Clionautas

Aquellos que no conocen la historia estan condenados a repetirla.

Una mirada con retrospectiva es necesaria siempre, aquí abarcaremos, en la medida de lo posible, distintas edades históricas como distintas culturas y civilizaciones. Cabe añadir que lo haremos sin orden aparente, mas bien caótico, lo que no quiere decir que tales estudios no sean rigurosamente ordenados en tanto a la parte que les toca…

A

Edad Antigua

¿Qué decir? Adoro el mundo antiguo. No obstante el terreno no está tan virgen como parece, pues ninguno de nosotros deja de estar profundamente impregnado por la cultura greco-latina. El vocbulario, con conceptos políticos o los mitos heredados de la antiguedad son conocimientos de siempre, de modo que no es posible estudiar la contemporaneidad, el colonialismo, el renacimiento… sin referirnos al pasado que, con todo, permanece reciente.

A

Edad Media

Desde las separadas provincias del Imperio Romano, menos ricas, peor gobernadas, debilitadas por conflictos sociales y atrasos económicos, abandonadas ya en el siglo V a sus propios recursos y defensas; hasta el descubrimiento de un nuevo mundo con las américas avistadas ya en 1492. La Edad Media comprende, por lo menos, la mitad de la historia que nos conforma. Y esto… en algo se ha de notar ¿no es así?.

A

Edad Moderna

Resulta evidente la relevancia con la que cuenta esta etapa, quiza, no tanto por su relevancia historica, pero sí por supuesto desde el plano artístico e incluso filosófico. Pasando por el Renacimiento, y llegando finalmente a esas etapas contractualistas como resultado final de un proceso de cambio.

A

Edad Contemporanea

Parece obvio que, para conseguir cierta objetividad, se necesita de un distanciamiento que mitigue las pasiones. Esto lo comento aqui, quiza porque es la etapa mas susceptible de ser tergiversada. Esta decisión puede no parecer decisiva. Algunos historiadores encuentran el hecho de apasionarse por circunstancias o por personajes que se localizan hace demasiados siglos. Pero… la objetividad puede adquirirse por medio de una educacion apropiada; si no ¿de que sirve la historia?. 

CAP. 2: Homogeneidad y complacencia, nuestro amargo final hecho presa.


La definición siempre es arriesgada, se trata de circunvalar el vacío de la existencia a tiempo que los tambores del primor resuenan de fondo. Que sea arriesgada tampoco nos exime de la imperiosa necesidad de amarla. El ser humano, mas en el tiempo moderno, parece haber aprendido a aprehender la realidad de una forma violenta. Tanto así, que hemos de reanimar al concepto de lo que estudiamos concupiscidos por lo excelso de la definición. No concebimos de otra manera el conocimiento de la rigurosidad, -que percibimos como la única rigurosidad-, la exigencia que es palpable, así como el aterciopelado colchón de la definición tapa los agujeros de la imprecisión.

CAP. 2: NOS ATENEMOS A LO EXPRESO SOBRE EL CONCEPTO DE “CIVILIZACIÓN/CIVILIZADO”

Lo cultural reverdece digamos a lo civilizado. Como esto es así, y no de otra manera, podemos decir que la cultura contiene para si misma a la civilización, y que esta última actúa como sujeto paciente. En lo cultural, el cultivo de lo espiritual rige sobre todo lo demás, y podríamos decir incluso que lo define. Por consiguiente, podríamos entender el campo de lo civilizado -dentro de lo cultural- como la esfera designada por su realidad colectiva. Mientras que lo cultural puede ser hacia dentro, la actividad de la “civilización” solo se expresa hacia fuera. Por tanto, la cultura es todo aquello que en la sociedad coincide como real. No obstante, en este punto, habría que abstenerse de la descripción de lo real según que individuos, o según que colectivos. Como todo termino adecuadamente conceptualizado, lo real podría -para evadir tesituras difíciles de explicar- ser comprendido en términos de grado. La realidad es percibida según con que grados en función del prisma del individuo particular. Este prisma, que hace las veces de índice cuantificador en nuestra critica, es el que a su vez esta determinado por las relaciones sociales, por la historicidad que nos comprende -¿corrompe?-, incluso por el espacio y el tiempo, nuestro sexo, nuestro valor connotativamente cultural, etc. Por ello, esto hace del círculo de lo social, y por decirlo en honor de los humanos, del circulo comunal un campo terriblemente minado, y un pez que se muerde la cola.

¿En qué posición queda entonces la civilización? Si reunimos bajo la idea de “cultura” todos los elementos propios del bagaje histórico de las civilizaciones al aspecto impertérrito de la especie humana, debemos llegar a un estudio profundo, dado que nuestras tecnicidades también son parte de nuestro propio suplemento patrimonial. La confrontación estricta de lo cultural es algo que no debe faltar como descripción “real” de lo que es la cultura. Esto es así porque en esta esfera se forjan cosas tales como la identidad en tanto hay consciencia de con-vivencia en sociedad.

Los parámetros del paradigma actual de vivir han quedado ya tan obsoletos como la gente que los pretende a ultranza. En una sociedad en la que es necesaria una individualidad clásica, casi romántica, se nos dice que seamos estrictamente personales, se nos dice que busquemos nuestro halo de individualidad mediante mensajes arto sediciosos en un soplo de aire si hace falta, pero al mismo tiempo se premia la actuación del conjunto, que reacciona en masa, y premia al colectivo. En un tiempo en que la personalidad esta preconfigurada para la implosión se nos pide que “tomemos asiento”, según nuestro propio criterio.

Es necesario, para combatir esta patraña, dar valor a lo que nos separa, y no excretarlo. Si no existieran las diferencias, ¿qué dialogo de civilizaciones se podría dar? Cuando una cultura -y lo digo en términos contingentemente sociales- se queda sola, se reabastece del vacío mas insondable, y empieza a dar paulatinamente vueltas centrífugas, palidece hasta que, finalmente, acontece su amargo final. Podemos extraer de esta visión que, su final, llegado el momento, es producto de su propia fuerza.

Atengámonos un momento, aunque solo sea a las leyes físicas para demostrado, la fuerza cinética mismamente es medida en función de otros parámetros, en principio al menos, ajenos a si misma. Casi por la misma razón, una cultura -en este caso con la misma idea podríamos hablar de civilización- acusada de hipertrofia es una civilización condenada. Pasando primero por la asfixia del espíritu intransferible de sus integrantes humanos, hasta la opacidad completa de ese mismo conjunto y su inconcluso y apoteósico -por ser apocalíptico- final. ¿Palidecerá, tal y como hemos refutado, finalmente la cultura euro-americana por hablar toda ella como un conjunto homogéneo e intransigente que concuásese a toda la idea Occidental? No lo sabemos, solo es tiempo lo dirá.

Armolec Mernatiz Friela

 

Un breve esbozo del feminismo.


El feminismo se ha venido tornando fundamental estos últimos años. Creo que es imprescindible imaginarse tal reivindicación como la única posible, la política. Cuando una protesta individualiza una realidad tendenciosa se vuelve torpe, parca e inútil. Eso es lo que está pasando. Se pierde el frente de acción y se diversifica lo reivindicado, esto es lo que no puede ocurrir. De hecho, en este mundo parece no existir ya el no feminista. Todo el mundo se considera feminista, pero se vuelve difuso el contenido de lo que ello implica. Se nos olvida que el objeto del feminismo más que la palabrería es la practicidad. ¿El qué y a quienes estamos reivindicando si hasta el propio partido político de turno se inmiscuye en la revuelta? Señores, por favor, no caigamos en la trampa tan dogmáticamente.

No vaya a estar demás decir también que, hoy en día, parecemos esforzarnos en dignificar nuestra propia diversificación como la esencial. Unos se consideran animalistas, otros firmes defensores del cambio climático, otros feministas, otros erradicadores del hambre en el mundo, otros de la explotación infantil, otros del mercantilismo… Debemos unificar frentes si es verdad que somos todas esas cosas. Es difícil imaginar que a una persona le duela el tráfico ilegal de animales pero no sea abolicionista de la trata de blancas.

Como hay, si se me permite usar la palabra, un montón de bazofia referente a este tema, y una amalgama de estudios y de conjeturas sin precedentes me voy a tomar el lujo de hacer una simple pero directa historia del feminismo que, a posteriori, podría ser ahondada con mas profundidad. Analizaremos transversalmente toda esa historia y, muy a mi pesar porque odio los conceptos fijados como un anclaje, es decir las etiquetas, os nombrare las diferentes “olas” y corrientes conocidos hasta la fecha, pues esto corre como la pólvora. Un ejemplo de mal entrada en el mundo del feminismo sería los estudios conocidos literalmente como eso, “gendel studyes”, los cuales se destacan por estudiar el feminismo desde las perspectivas de género. Esto, en todo caso, es demasiado visceral para tratarlo tan diplomáticamente. Las clasificaciones son fútiles y tan impotentes como un grito al vacío.

 

FEMINISMO E ILUSTRACIÓN

Propongo empezar entonces, y lo anteriormente dicho me avala para ello, por la ilustración. Esta, se dio en la ilustración como resultado de los pensamientos y demás derivados críticos de la época. Como digo, no pretendo generar aquí un marco geopolítico que explique ese proceso. En este momento surgió una autora que no se puede dejar de leer para el que se considere todo un entendido en el tema, me refiero a Mary Wollstonecraft, quien hizo una primera vindicación de los derechos de la mujer. Permaneció, como es lógico, toda su vida influenciada por los valores de la ilustración. Aquello de “Liberté, Égalité, Fraternité”, pero aplicado a las mujeres. Propuso desde siempre una educación igualitaria para hombres y mujeres que es de donde ella observaba la raíz del problema. La mujer ha de participar de lo público tanto como el hombre, y tanto mas como el hombre empoderado. Es decir, la mujer también debe ser sujeto y parte esencial de la revolución. Wollstonecraft es una universalista de los derechos, pues reivindica ambos, tanto los de los hombres como los de la mujer. Este hecho no puede sino darnos pistas de su bisectriz filosófica, permitidme la analogía matemática. En lo posterior encontramos profundas raíces de su pensamiento.

 

PRIMERA OLA

La “primera ola” del feminismo es un pequeño paso más en la dirección adecuada. Aquí, no obstante, si bien antes el foco por parte de toda la ilustración, se encontraba en la educación, ahora va ha hallarse en la perspectiva jurídica. Se necesita igualdad ante la ley. Esto acabara terminando en la defensa al voto. Estamos hablando de las sufragistas. En sus inicios se concedía más como igualdad frente al hombre en lo referente a los “derechos de propiedad intelectual”, y a que las mujeres también pueden actuar, y de hecho tienen, tanto como los hombres libres albedrio. En este momento histórico se estaba dando la abolición del sistema esclavista por lo que es obvio pensar que tales conceptos se hilvanan y son uno para siempre. Algo que, por fortuna, irremediablemente tenía que pasar. Pese a todo la igualdad de género, no logra contagiarse de la normalización de la raza que pronto se iba a dar.

 

DE BEAUVOIR

Le quiero dedicar a una autora clave en la historia del feminismo un espacio propio dentro de este escrito, pues considero que es un punto de inflexión y aunque he visto mucha obcecación por clasificarla y absorberla para una ola o para otra, yo me niego a hacerlo. Estoy hablando por supuesto de Simone de Beauvoir en cuyo honor no voy a mencionar ni a su marido, porque todo el protagonismo se lo merece ella.

Precisamente, esta es la magnífica puerta de entrada que buscaba para impregnarnos de lo que significa feminismo. Aclaro que estamos hablando ya de principios del SXX y que todo lo mencionado hasta ahora ha sido un rápido trazo. De Beauvoir hace una espléndida labor de deglución de todo el feminismo anterior y lo expulsa con majestuosidad para ya nunca ser el mismo. Se puede decir que estuvo muy unida a la vindicación por los derechos civiles y políticos de la mujer. Para comprender esto recomiendo encarecidamente leer “El segundo sexo”, una de las obras fundamentales de esta autora en la que se presenta un análisis de la mujer en diferentes planos. La propia biografía de la autora es una reliquia, y no descarto hacer, mas pronto que tarde, un análisis de toda su vida.

Especial mención merece su concepción del matrimonio y de las relaciones humanas. El matrimonio para ella no es más que una institución artificialmente implantada que permite la relegación de la mujer al plano del hogar. Esto es especialmente importante si entendemos lo que implica. Esta rechazando que la justificación de la existencia de la mujer sea el hogar, si es que hubiera alguna justificación, claro que debemos entender el momento histórico en el que nos movemos.

En el matrimonio la mujer rompe con su pasado y queda unida al universo de su esposo, a quien entrega su persona y debe su virginidad y su fidelidad rigurosa

 

De lo que esta hablando es simple, la mujer vive en un bucle irrevocable en el que pasa ser sujeto del padre a sujeto del esposo. Lo que pierde la mujer en libertad es secundario. La mujer es una construcción cultural y una estigmatización de un dogma, y tiene que dejar de serlo.

 

SEGUNDA OLA

Paso ahora con la “segunda ola” localizada entre las décadas de los 60-70, ambas inclusive. Como digo, estuvieron fuertemente influenciadas por Simone, aunque si cabe, lo llevaron todo mas lejos. Como siempre ocurre en la historia los hechos son acumulativos no sustitutivos. Estamos hablando de un mundo en tendencia cada vez más unilateralmente encaminado en tendencia hacia el “progreso”, y lo digo cuando tal palabra todavía no se había prostituido. En este momento histórico se trabajaron los derechos sexuales y reproductivos. Hechos como el valor del trabajo doméstico, igualdad de salarios y oportunidades, la despenalización del control de la natalidad -estoy hablando de los anticonceptivos-, el aborto y demás temas aun candentes salen a la luz. Es evidente que se busca una transformación profunda de la vida cotidiana, como reflejo aún vivo de antaño. Se pretende a través de la mujer, cambiar el mundo.

 

TERCERA OLA

Y, sin más, llegamos a la “tercera ola”. Una amalgama de confusión es reinante desde entonces a la actualidad, se podría estar hablando desde las últimas dos décadas hasta hoy en día. Se caracteriza por dos cosas, si es que lo pudiéramos caracterizar. Por una parte la tendencia de enfoques igualitarios y/o de diferencia. Por otra, se ensancha el concepto de lo femenino. Se dan una variedad de tácticas, enfoques y corrientes abrumadoras como resultado del cambio de paradigma. Encontramos muchos autores y autoras y naturalidades.

Iremos desglosando estas marismas dentro de la ola de tercera generación de ahora en adelante.

Empezaré por la corriente del feminismo de la igualdad, del reconocimiento incluso. Esta representa la corriente mas purista, es la que se encuentra en un status quo. Se la tilda también de feminismo liberal, en el sentido en que este “liberal” signifique precisamente eso, una liberación, un déjame en paz. Se protesta contra la disposición judicial actual, se exige lo mismo que para el hombre, ni más, ni menos. Parece casi un enfoque frio y distante, pero se trata más de convertir a la mujer en un sujeto de derecho. Son representativas de esta corriente Nancy Fraser y Hannah Arendt. Por decir a alguna autora española citare aquí a Amelia Valcárcel.

“El feminismo es una de las filosofías políticas ilustradas que mas ha contribuido a cambiar la entera faz del mundo que habitamos. Lo viene haciendo durante los tres últimos siglos. Pero le queda mucho por andar”

Esta corriente, como no podría ser de otra manera, es la claramente dominante pero además innegable. Se habla también en ella de las leyes basadas en la “discriminación positiva”.

Como segunda corriente hablare aquí de la performatividad y la teoría “Queer”. Lo nombro asi porque no se puede hacer de otra manera y porque es literalmente eso, algo que no existe sino en el momento de actuación y mientras actúa. Esta corriente esta casi en su totalidad compuesta por lo aportado por Judith Butler. Uno de sus libros más conocidos es quizá “El género en disputa”, donde se habla acerca de este. Básicamente, el género no es biológico sino una categoría estrictamente simbólica. Como consecuencia de ello, Butler deduce que toda nuestra sociedad es dicotómica y que esta compuesta por dualismos que no pueden alcanzar el amplio espectro de posibilidades. La separación masculina/femenino es, de nuevo, una construcción social y completamente arbitraria. El género conformado en las sociedades no es nada más que un rol incluso previamente asignado. El género es una conducta.

Con respecto a la teoría Queer es importante entender su categoría del género neutro, todo ello porque la tendencia sexual es una etiqueta. Si bien para la teoría Queer la tendencia sexual es neutra para Butler se trata de multipolar. La teoría Queer afirma que partimos de la bisexualidad y nos posicionamos gradualmente. No es una gradación que aumente ni disminuya sencillamente metódica para encontrarnos a nosotros mismos. Para Butler además las etiquetas son una forma que el poder tiene para delimitarnos y reprimirnos. Aquí podríamos estar hablando de un sufrimiento por la deslocalización sexual. El género es flexible y de táctica cambiante, aparte de bidireccional. Esto quiere decir que el género es difuso no confuso. Existe un importante matiz que quiero recalcar, esta teoría feminista es también política. Lo que propone por tanto a nivel socio-político es que potenciemos nuestras diferencias como metodología del cambio y de revolución.

La tercera corriente de la que quiero hablar es la del posthumanismo, transhumanismo e incluso lo “ciborg”. Esta corriente defiende que para revolucionar lo cultural debemos primero reacondicionar el entendimiento del cuerpo. Tenemos un cuerpo atado a la heteronormatividad. Señalare por ejemplo a Rosi Braidotti en esta corriente, también a Donna Haraway, y como español a Paul B. Preciado. Todos estos advierten de que en la indefinición está la revolución.

La cuarta corriente corresponde a la de multiculturalidad, poscolonialismo y feminismo racial. Angela Davis es una gran representante de esta corriente de la que, por cierto, recomiendo leer “Abolition Democracy: Beyond Prisons, Torture, and Empire”. Se trata de una corriente en la que se aboga por que la lucha de los feminismos no puede ser diferente a la lucha por los pobres. Todas las revoluciones deben de ser una sola. Todas las luchas tienen una intersección. Por otra parte, no puede ser que una mujer negra tan distinta de la mujer occidentalizada y blanca. De hecho, esta rama acusa al feminismo de ser un feminismo racial o no ser nada, porque de no ser nada, el feminismo supondría solo una moda “cool”.

La quinta corriente corresponde al lesbofeminismo, sororidad y demás conjeturas. Desde esta perspectiva el entendimiento de la heterosexualidad se torna un régimen político y no como una preferencia sexual. Autoras representativas de esta corriente son por ejemplo la estadunidense Adrienne Rich. A finales de los setenta se produjo una importante ruptura con el movimiento heterofeminista que consideraba a las lesbianas como un conjunto estanco e independiente del feminismo. Se cuestiono desde esta ruptura el mundo patriarcal, machista, xenófobo, racista y capitalista como un todo. Recomiendo para su entendimiento profundo el libro de la dominicana Ochy Curiel, “La nación heterosexual”, donde analiza la sociedad heterosexual como un moderno sistema de clases. El lesbianismo como una postura política y no solo sexual.

                                                                                                                                                                                                          Armolec Mernatiz Friela

 

El origen del alfabeto latino

El origen del alfabeto latino

Hacia el año 1370 a.C el idioma más hablado en Mesopotamia era el Acadio. Sin embargo, un rey de Ugarit (Fenicia) llamado Nigmadu II decidió construir en la ciudad una gran biblioteca y atesorar en ella los textos más importantes relacionados con su religión e historia. Muy poco se ha salvado de aquella biblioteca, no obstante, en ella se encontró la primera evidencia del idioma ugarítico. Una lengua local que uso por primera vez un sistema gráfico tipo alfabético con 31 letras representadas mediante signos cuneiformes.

Esto evolucionaria hasta el alfabeto fenicio, que abandono el cuneiforme porque se escribiría mucho peor en los novedosos papiros que en las rudimentarias tablillas de arcilla. Era imprescindible algo más sencillo, para que cualquiera pudiese aprenderlo. También hay evidencias en la península del Sinaí de un alfabeto adaptado del egipcio llamado protosinaítico, que también podría estar vinculado con el origen del fenicio.

El alfabeto fenicio, por su parte, se escribía de derecha a izquierda, tenía 22 caractéres, cada uno representando un sonido, y solo uno de ellos era una vocal, la A. Parece ser que esta vocal no apareció hasta la época púnica. Ese tipo de alfabetos sin vocales se llaman adyades y eso explica porque el hebreo y el árabe no tienen vocales en sentido estricto. Sino que se les agregan puntos y de más símbolos agregados para formarlas. Los griegos, que también adaptaron su idioma a este alfabeto decidieron posteriormente crear los signos vocálicos. De ahí deriva el etrusco y posteriormente, nuestro alfabeto, el latino. Para crear estas primeras letras las asociaron al fonema de una palabra común que comenzase por tal sonido.

A  Considerado el sonido más natural de los humanos y que hasta los mudos pueden pronunciar, es probable que deba su representación gráfica al Alep fenicio (que significaba buey, su símbolo pudo comenzar siendo una cabeza de dicho animal que luego comenzó a girarse con el paso de los años. Durante mucho tiempo circuló la teoría de que su origen tenía que ver con los antiguos trípodes para sacar agua mientras la gente jadeaba. Mas tarde daría origen a la Alfa griega, de donde saldría la mítica expresión bíblica del alfa y el omega (el principio y el fin).

B  El sonido “B” existe en prácticamente todas las culturas. En fenicio, Beth era casa, y se dibujaba como una especie de tienda de campaña o edificio muy básico. Daría origen a la Beta griega, redondeando su forma. Los romanos apenas la usarían, en su lugar se valían del fonema “V”.

C y G   Estas letras están íntimamente ligadas. Parece ser que este signo de gimel en hebreo, era un arma de honda o Búmerang. Daría origen a la Gamma griega, con la que se representaba el sonido G, y a la Kappa para la “K”. Los latinos juntaron estos dos sonidos en la C, no se sabe porque acertadamente. Tenían entonces tres fonemas K, pero ninguno específico para el sonido G. Tiempo después un tipo llamado Espurio Carbilio, para evitar confusiones, fundó la letra G actual solo para ese sonido. La confusión fonética de estas dos letras perdura en el castellano. La C puede ser /k/ /z/ /ch/ /kz/, sin contar las G dobles. Y la G puede ser /g/ /j/ /gu/. Además, la C es S en andaluz (y ruso). Puñetera polifonía… Además, más tarde los visigodos introducirían la Ç en Europa, que el castellano acabó quitando durante la Edad Media.

D   Esta letra procede de un jeroglífico egipcio que significaba puerta, primero como rectangular y luego triangular, pues así eran los trozos de piel de las puertas de las antiguas tiendas de campaña. La letra se llamaba Daleth en fenicio. Otra teoría sugiere que la letra provenía del idiograma de un pez del alfabeto Proto-Semítico. La forma triangular llegaría a formar la Delta griega.

 

 Un tipo rezando podría ser el origen de nuestra E, Ilul era admirar en jeroglífico egipcio. Otros dicen que el H fenicio representaba una ventana. Sea como fuere de ahí saldría la Epsilon griega, girada por la moda del Bustrofedón, -escritura de derecha a izquierda y de izquierda a derecha alternativamente, empezando cada línea donde termina la anterior-, que sería nuestro sonido vocálico E, y que generalizo el latín. No obstante, durante el medievo en Inglaterra ocurrió un desplazamiento vocálico, fruto de migraciones y confluencias de muchos dialectos. Esto acabo generando en los ingleses que pronuncien algunas vocales cambiadas de orden en cuanto a la pronunciación.

 

 

F, U, V, Y, W   En tiempos Proto-Semíticos Waw era representada en una especie de maza, cuya forma redondeada iría abriéndose hasta dar lugar a la Ipsilon griega. La F evolucionó a partir de aquí, los griegos crearon la Digamma, que sonaba como una W, y los romanos le dieron su sonido actual. Estuvo mucho tiempo, casi hasta el SXIX, eclipsada por el dígrafo Ph, que provenía de la griega Fi, que se quedó sin representación. La V también deviene del signo Waw, aunque no apareció hasta el latín. La U, por su parte, apareció por el siglo IV en el alfabeto latino. Era una variante de la V que muchas veces se convertía en una vocal. Mucho mas tarde ya se diferenciaron, V para consonante y U para vocal. La W tiene origen germánico, o quizá fuesen los mismos griegos quienes decidieron crear un sonido para dicho fonema, que no conocían pero que si usaban estos pueblos del norte. Al castellano no llegó porque muchos eruditos del SXVII veían imposible traducir nombres de reyes y lugares de historias del pueblo germánico. Y es que hasta ahora resulta confuso las translaciones de la W extranjera a nuestra pronunciación. Puede ser una “B”, como Wagner o Water, o una “Gu” como Washington.

 El origen de esta letra está en el Het egipcio, que significaba verja, valla, o muro. En el protosinaítico en cambio, parecía mas una trenza. En Grecia dio lugar a la letra griega Eta, sin embargo, en Etrubia, y en las colonias griegas occidentales mantuvo esa J suave. Y de ahí paso al latín. Hasta nuestros días acabo perdiendo sonido. De hecho, se ha llegado ha afirmar que nuestra H actual opera en nuestro vocabulario por tradición ya que hace siglos si que tenía sonido. Aun nos quedan antiguas reminiscencias como en Sáhara. Cabe mencionar que los romanos también se enfrentaron a este problema, para estos el sonido H era como una espiración, y la gente acabo desechándola, pese a esto los eruditos de entonces la seguían usando, mas bien como una demostración de sus facultades. Es por esto que se ha conservado hasta nuestros días.

 

I y J    La letra Yod en fenicio representaba una mano. Derivo en la griega Iota, sin punto y vocal. El sonido I paso a la letra Ípsilon, que los romanos tardaron en incluir y la llamaron Y “griega”. El punto de la I comenzó a existir cuando las lenguas romances por su cursiva clásica y por diferenciarlas de las U. Nunca hubo un sonido J en los alfabetos antiguos, por lo que no es raro que esta letra se tradujese la ultima al alfabeto latino. Fue en el siglo XVI, de la mano del humanista francés Pierre de la Rameé, cuando se tradujo por primera vez y luego se popularizo por el uso de las imprentas. Su nombre, como es evidente, procede de la Iota. De aquí deriva la ya oxidada expresión “No ver ni J…”.

 

X   Representa la incógnita y esto fue cosa de los matemáticos árabes. Pero su verdadero origen todavía es desconocido. Se cree que proviene del símbolo de pilar Dyed, en el jeroglífico egipcio antiguo. En Grecia acabo derivando en dos signos, en las letras Xi y Ji y así se inició la confusión que derivó en la pronunciación clásica de X como J en algunos casos.

 

 

K   Menos en el euskera esta es la letra paria por excelencia en nuestro alfabeto. Era una letra repetida que ciertamente no servía de mucho. Proviene de la semítica Kaf, que era la palma de una mano. Esta a su vez pudo venir del jeroglífico egipcio de una mano, aunque su sonido era otro. Los griegos adoptaron ese sonido a “K” para su letra Kappa y en el latín apenas la usaron, sustituida la mayoría de las veces por la letra C. Pese a todo esto la K se revivió en el medievo para la opulencia de los mas sabios.

 

L   Deriva de la palabra Lamed, del alfabeto fenicio, que significa callado o bastón. El signo se tomó del protosinaítico y fue adaptado al griego con la letra Landa, que acabo convirtiéndose en un triángulo. Luego el latín la recupero por la forma que conocemos.

M   Mo era la palabra egipcia para designar el agua, mientras que Useh era salvar. De aquí deriva el nombre de Moisés, el salvado de las aguas. El origen de esta letra tiene lugar en Egipto. El jeroglífico que representa al agua es bastante evidente. Mas tarde el alfabeto fenicio lo adopto para su flagrante Mem, su palabra para decir agua. Como curiosidad cabe decir que el nombre de la ciudad de Madrid también debe su nombre al agua, pues fue construida sobre canales subterráneos de agua, que aprovisionaban a la ciudad. Por esto los árabes la denominaron como Mayrit, es decir, tierra rica en agua. Los griegos se hicieron con la M fenicia para su “Mi” griega.

N   Mientras que unos consideran al signo precursor de la M como una variante corta de la N, también pudo haber sido representada como una serpiente o una anguila. Nun era serpiente en fenicio, y la letra se llamó “Ni” en griego. Apenas ha cambiado desde entonces.

O   Mientras que en las tradiciones árabes e indias el circulo fue considerado un símbolo de la nada, representando al número cero, esto no fue así en el mundo grecolatino, al menos hasta que nos adaptamos a la numeración árabe. La historia de la letra O comenzó cuando los fenicios recogieron el jeroglífico egipcio que representa un ojo y lo simplificaron. Tenía en si misma un solo sonido que acabo dejándose de usar para convertirse en una vocal.  Este sonido dio nombre a las dos O griegas que hoy conocemos. Omega la O larga, y la Omicrom la corta. Los romanos eliminaron esta distinción. Adicionalmente diré que en la tradición irlandesa popular la O acabo siendo una letra que indicaba en los apellidos algo así como “hijo de…” Aquí tenemos el caso de O´Connor, O´Brian, O´Sullivan…

 Un jeroglífico egipcio representaba inicialmente que acabo siendo adaptado por los fenicios como la letra Quof. Básicamente un palo erguido con una protuberancia en la punta. Los griegos originarían con ella la letra Qoppa. Mientras que los romanos querían suprimirla, pues ya tenían la letra C, aunque finalmente no lo hicieron.

P y R   La R deriva de una cabeza humana. Rhes era cabeza en fenicio y redujeron la cabeza egipcia a una especie de P invertida. Los griegos, con la ya mencionada escritura del Bustrofedón la giraron horizontalmente y apareció la letra Rho. Los romanos vieron a esta letra problemática, pues representaba tanto el sonido P como el de la R. No seria hasta el SIII cuando decidieron crear una letra nueva, añadiendo a esa P una rayita. Por otro lado, el sonido P entre los antiguos era una boca. Este signo llegaría a Grecia y se convertiría en el ya conocido Pi (π). Durante el SXIX se barajó para la doble R castellana hacer una especie de R marcada como la Ñ ya conocida. Algo que si que nos llego de los griegos es la letra “Psi”, que daría origen a palabras como Psique.

S   El origen de la S es algo desconcertante. Parece ser que su forma viene del antiguo jeroglífico egipcio de un lago lleno de juncos. De ahí los protosinaíticos y fenicios la pulieron y consiguieron una especie de W mal hecha. Con el tiempo acabaría girando hasta originar la Sigma griega.

T   Aunque en su forma primitiva tenga forma de X o de cruz, este signo acabaría dando lugar a la T que conocemos gracias a la Tau griega. También hubo en Grecia una letra llamada Theta, que se pronunciaba como una T aspirada y su signo proviene del dibujo de una rueda.

 Su origen podía estar en el jeroglífico de un arma tipo oz o un asa de carro. En el fenicio y etrusco acabo siendo una I, pero los griegos le dieron su famosa forma con la Dseta. No fue muy usada por los romanos y la desplazaron para poner como ultima letra de su alfabeto a la X.

Ñ   Durante la Edad Media su sonido se escribía como doble N, era una doble grafía latina. No obstante, en los monasterios e iglesias se apreciaba, debida al ingente numero de traducciones que se debían de hacer, la economía del lenguaje. Así, en vez de esta doble grafía se añadió una especie de tilde tumbada, una virgulilla. La primera referencia a esta letra la encontramos en un texto gallego datado en 1228 y se cree que de ahí paso al castellano. El documento gallego más antiguo del gallego que se conserva es el fuero de Castro Caldelas (“Foro do bo burgo do Castro Caldelas”); en este texto, el rey Alfonso IX otorga a los ciudadanos de Abril, una villa orensana, sus fueros y regula su régimen.

Cabría, por último, mencionar las letras minúsculas. Se tiende a pensar, llevados por el vicio que mueve su causa, que ya desde la creación de un alfabeto existían las mayúsculas y minúsculas, pero esto es falso. Antes todo se escribía con unas cuidadas mayúsculas, pero durante el SIII en Roma todo comenzó a cambiar. Antes se escribía en papiro, un papel frágil e incomodo que estaba bien para letras angulares, en esa época en la ciudad de Pergamo se empezó a popularizar el pergamino, hecho con piel de animal, mucho mas resistente y duradero. Aprovechando esta nueva superficie para escribir y también con el uso de plumas de ave las formas angulares de las letras se fueron redondeando. Así apareció la antigua cursiva romana, o capital cursiva, gracias a ella el trabajo de los escribas se agilizo mucho pero también tenían problemas para leerla. La cursiva nueva y la escritura uncial acabarían dando lugar en la edad media a la escritura visigótica, lombarda, o la merovingia entre otras…

Es hacia el año trescientos, con Carlo Magno, cuando ya podemos hablar de minúsculas. Uno de sus consejeros, Alcuino de York, desarrollo la minúscula carolingia. Y con ella estandarizo todos los documentos de su imperio. En el SXV llegaría la imprenta de la mano de Gutenberg, y en Venecia Nicolas Jenson crearía la primera tipografía romana para impresión. Gracias a esta letra más pequeña la imprenta ahorraba mas espacio y tinta, y esta tipografía establecería las bases para las que tenemos actualmente.

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